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Sabbath Observance Through the Centuries
Observancia del Sábado a través de los siglos

Siglo IX

Bulgaria
“En su temprana etapa de evangelización, se le enseñó a Bulgaria que ningún tipo de trabajo debía llevarse a cabo en día sábado. (Responsa Nicolai Papae I y Con-Consulta Bulgarorum, Responsum 10, encontrado en Mansi, Sacrorum Concilorum Nova et Amplissima Colectio, Tom.15; pág. 406; también Hefele, Conciliengeschicte, Tom. 4, sección. 478)

(Papa Nicolás I en respuesta a la carta de Bogaris, príncipe de Bulgaria)

“Preg. 6- Bañarse en domingo es permitido. Preg. 10 – Debe uno de cesar el trabajo en domingo, no así en sábado.” (Hefele, 4, 346- 352, sección. 478). Los búlgaros se habían acostumbrado a descansar en sábado. El papa Nicolás escribe en contra de esta práctica.

Constantinopla
(Photuus, Patriarca de Constantinopla -en contra del sínodo que depuso Nicolás-, por lo tanto acusa al Papado). En contra de los cánones, ellos indujeron a los búlgaros a ayunar en sábado”. (Photius, vonKard, Hergenrother, 1, 643) Nota: El papado siempre quiso llevar el séptimo día, el sábado, al desprestigio, insistiendo que todos deberían de ayunar en ese día. De esta manera (él trató de convertir a las personas hacia el domingo, el primer día, el día que Roma había adoptado).

ANTIGIANOS [ATHINGIANS]
El Cardenal Hergenrother dice que estuvo en íntima relación con el Emperador Miguel II (821-829) testificando que ellos observaban el día sábado (Kirchengeschichte, 1, 527).

India, Abisinia
“La observancia del sábado del séptimo día era algo que estaba bien disperso y lo cual duró mucho tiempo entre los creyentes de la iglesia de Oriente, y los cristianos de Santo Tomás en India. También fue observado por los Abisinianos.

Bulgaria
“El papa Nicolás I, en el siglo IX, mando al príncipe de Bulgaria un extenso documento, el cual decía que uno debe de cesar de trabajar en domingo, pero no en el sábado. El líder de la Iglesia griega, ofendido por la intromisión del papado, declaró excomunión contra el Papa”. Truth Triumphant, p. 232 (Verdad triunfante, Pág. 232)